Hola, soy Camila. Me encanta que estés aquí. Si quieres, prepara una bebida calientita de tu preferencia, busca un lugar tranquilo y déjate acompañar por estas palabras que escribí pensando en ti.

Hoy quiero hablarte de un tema que suele ser de bastante relevancia para la mayoría de los seres humanos, no solo porque hace parte de nuestra naturaleza humana y socioafectiva, sino también porque forma parte de nuestro instinto natural y suele ser uno de los deseos más profundos de muchos de nosotros. Y sí, te voy a hablar del maravilloso y temido AMOR.

Con frecuencia somos bombardeados con la idea de que estamos envejeciendo y que vamos tarde ante ciertos acontecimientos de la vida, como si fuera una carrera contra el tiempo o como si debiéramos ir superando niveles como si se tratara de un videojuego, a costa de nuestra felicidad, nuestra paz y nuestros sueños más profundos.

Aparentemente, si no nos enamoramos, nos casamos, tenemos hijos y conseguimos una casa a una edad determinada, se nos hace creer que, como dice el dicho popular, "se nos va el tren". Y pareciera que esos objetivos se vuelven inalcanzables a medida que envejecemos, como si no fuera igual de valioso enamorarnos a los 20 que a los 50 años.

En algunos casos, esta presión viene de padres que quieren tener nietos, tías imprudentes que quieren vernos seguir patrones sociales o, de lo contrario, creen que hay algo mal con nosotros. También están las redes sociales, donde todos nuestros contactos, o personas que seguimos, publican momentos mágicos, románticos, de logros y aventuras, que nos hacen idealizar un estilo de vida… y empezamos a vivir con una presión y ansiedad, creyendo que hay algo mal en nosotros por no estar viviendo esas experiencias.

Sin darnos cuenta, empezamos a ser nosotros mismos quienes nos presionamos, sintiendo una urgencia por ir “desbloqueando” supuestos logros de vida. Y lo triste de esto es que no nos damos cuenta de que la búsqueda desesperada de estas metas puede volverse tan dañina y tóxica. Terminamos sacrificándonos, tomando decisiones apresuradas o poco alineadas con los deseos más profundos del corazón, aferrándonos a personas incorrectas y dejando de lado maravillosos sueños, como si no importara nada más que llegar a la meta establecida por la sociedad, que en algún momento de la vida, y sin darnos cuenta, convertimos en nuestras propias metas.

Y es por esto que, tras haber conocido algunas personas en mi vida personal y también haber acompañado en consulta a otras, me he empezado a preguntar:

¿Y si, en lugar de vivir con afán o angustia por encontrar al amor de tu vida, te dedicas a conocerte, descubrir lo que llena tu corazón de alegría y satisfacción, y te das tanto amor a ti mismo que nadie tenga que venir a completarte, sino a sumarte? ¿Y si te preparas para poder recibir un amor sano cuando llegue? Todo sin dejar de disfrutar el presente y enfocándote en construir tu mejor versión, primero por y para ti. O, ¿qué tal si, desde el corazón, y si este es tu caso, reconoces que experiencias como la maternidad, la paternidad, el matrimonio o la adquisición de una vivienda quizá no formen parte de tus sueños o proyectos ideales, y que tu satisfacción está en otro tipo de experiencias?

Incluso me cuestiono: ¿qué pasaría si tomaras la decisión consciente de alejar de tu vida a aquellas personas que te han lastimado y que, a pesar de ello, se han convertido en tu zona de confort porque tienes miedo a quedarte solo o sola? ¿Y si, en lugar de aferrarte a lo dañino, decides dejar ir y rodearte solo de quienes te valoran, te respetan y te tratan con amor y dignidad? Sin permitir que otros tengan el poder de definir tu estado anímico o tu valía.

Cuando te permites conocerte a ti mismo, trabajar en tus habilidades, satisfacer tus gustos, cumplir tus sueños, aprender a vivir solo y disfrutar de tu propia compañía, y entrenar tus habilidades sociales y de comunicación, te estás permitiendo convertirte en tu gran y verdadero amor. Te estás permitiendo saber exactamente qué deseas en la vida, qué te mereces recibir y te vuelves consciente también de lo que no estás dispuesto a permitir nunca bajo ninguna circunstancia. Conviértete en la mejor versión de ti mismo para que, si algún día encuentras a alguien digno de tu amor y de tu luz, puedas ser igualmente merecedor y cuidador de esas grandes almas que lleguen a tu vida. Pero ámate tanto que, a cambio, solo aceptarías lo mismo: su mejor versión al estar a tu lado.

Aquí te va otro consejo: desde el autoconocimiento y el crecimiento, prepárate para ser la pareja ideal, esa persona que cualquiera desearía tener a su lado. Y no, no me refiero a hacer todo por la otra persona, solucionarle la vida o llenarla de regalos (aunque está bien si decides ser servicial y detallista). Tampoco se trata de acumular riqueza para atraer a alguien (aunque tampoco hay nada de malo en ello). Concretamente, me refiero a que seas una persona segura de sí misma, con amor propio incondicional y claridad en sus deseos. No necesitas tener una vida completamente resuelta (porque, seamos honestos, nadie la tiene, ni siquiera quienes poseen dinero). Pero sí debes ser consciente de lo valioso que eres y del tipo de persona que sería ideal para acompañarte. No aceptes a alguien porque te complemente, porque tú ya estás completo. Ni alguien que llene tus vacíos, sino alguien con quien compartir, crecer y disfrutar. Que te ames tanto que tener pareja deje de ser un objetivo y se convierta en una opción… solo si realmente lo deseas.

Ten claro lo que no estás dispuesto a aceptar en tu vida. Pon límites firmes, rompe patrones dañinos con los que hayas crecido a lo largo de tu vida, sana heridas del pasado y recuerda que eres merecedor de respeto, amor, honestidad, lealtad, compañía, empatía y relaciones saludables. Reconoce cuándo es momento de alejarte de lo que ya no te hace bien, porque incluso aunque sea famosa la idea de que “el amor es para toda la vida”, en realidad el único amor que debería ser para siempre es el que sientes por ti mismo. Lo demás… las personas tienen derecho a elegir, cambiar y evolucionar, a elegir distinto si su pareja ya no tiene los mismos planes, valores o ideas. Y si un día decides no permanecer más en una relación, también es válido, siempre y cuando se haga desde la responsabilidad afectiva y el respeto por el otro y por ti mismo.

No sirve de nada vivir con ansiedad por encontrar el supuesto “amor de tu vida” si, por simple afán o presión social, estás dispuesto a conformarte con cualquiera que no te valore ni te trate como mereces, o a asumir por el resto de tu existencia, eventos grandes de la vida como maternidad/paternidad, abundancia o carencia y dificultades, junto a una persona inestable o irresponsable... porque eso querría decir que aún no comprendes que el gran amor de tu vida… eres tú mismo.

Si al leer este texto sentiste que algo resonó contigo, que estás atravesando un proceso importante o que deseas profundizar en tu autoconocimiento, sanar patrones o construir relaciones más sanas contigo y con los demás, estaré encantada de acompañarte en tu camino.

Si deseas agendar una sesión de Coaching en desarrollo personal o recibir más información, puedes escribirme a:

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Será un honor caminar contigo hacia una versión más consciente, amorosa y elevada de ti mismo.

Gracias por leer y reflexionar conmigo, nos leemos la próxima semana.

Con amor, Camila R.